Comunicado
La parábola del padre que pide a sus dos hijos ir a trabajar a su viña sigue siendo edificante y actual. El primero dijo que sí, pero no fue. El segundo dijo que no quería ir y, arrepentido, sí fue a trabajar a la empresa familiar (Mt 21, 28-32).
Las dos respuestas manifiestan algo más profundo. La obediencia del primer hijo es solo de apariencias y conveniencia; en el fondo oculta indiferencia, hipocresía y vacío interior. La desobediencia inicial del segundo parece indisciplina, pero en lo profundo revela una sustancia válida y ejemplar de compromiso con los intereses de su padre.
La invitación evangélica a trabajar responsablemente por una Iglesia fiel al Espíritu de Jesucristo y por una sociedad solidaria y justa resuena hoy para toda la comunidad católica y para cada ciudadano mexicano y veracruzano. Queda claro que las declaraciones exteriores, los decretos públicos y los formalismos oficiales no cambian por sí solos la realidad de la pobreza de millones de personas, ni la violencia, la inseguridad y la corrupción que sufrimos.
La situación social que se vive en el territorio mexicano —la falta de empleos dignos, la carencia de medicinas en hospitales y centros de salud, y la falta de carreteras seguras— no se arregla con discursos. Se arregla con cercanía real a los más necesitados, incorporándolos al desarrollo integral y tratándolos con la dignidad que merecen como hijos de Dios y ciudadanos.
La voz de Dios es, por tanto, un llamado a la conversión interior de cada integrante de la comunidad católica y un llamado al compromiso responsable y concreto de cada ciudadano mexicano y veracruzano.
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