Comunicado
Una de las frases del Evangelio de san Mateo más citadas en el ámbito político y social es: «Den al César lo que es del César, y a Dios lo que es de Dios» (Mateo 22,21).
Con frecuencia se usa para reducir la fe al espacio privado y excluirla de la vida pública.
Sin embargo, la respuesta de Jesús parece apuntar en otra dirección: no separar radicalmente los ámbitos, sino a poner límites a cualquier poder que trate de absolutizarse o pedir lealtad total y obediencia ciega.
Por eso Jesús reconoce que la moneda pertenece al César y que existe una autoridad civil, pero también afirma que el ser humano no pertenece al César, sino a Dios.
Ningún poder político, económico, religioso o ideológico puede adueñarse de una persona, manipular su conciencia o disponer de su vida como si fuera propiedad suya.
Sólo Dios es el fundamento último de la dignidad humana, y paradójicamente Dios no actúa como tirano, sino como Padre amoroso que respeta y promueve la plena realización y la libertad de sus hijos.
La frase evangélica mencionada desenmascara toda forma de dominación. También recuerda a los discípulos de Jesús que no pueden comportarse como dueños de los demás.
La misión cristiana no consiste en controlar, imponer o someter, sino en servir, acompañar y ayudar a construir la justicia, la paz y el desarrollo integral para todos.
¿Qué podemos hacer para descubrir cuándo una persona o grupo intenta ocupar el lugar de Dios?
¿Cómo podemos evitar convertirnos en dueños de la conciencia y la vida de los demás?
¿Cómo podemos convertirnos en servidores y constructores de justicia y paz en México y Veracruz?
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