Comunicado
El evangelista san Mateo ofrece la razón fundamental de la compasión de Jesús a toda la pobreza del ser humano: » Al ver Jesús a las multitudes se compadecía de ellas, porque estaban extenuadas y desamparadas, como ovejas sin pastor» ( Mt 9, 36).
A distancia de muchos años, Jesús sigue sintiendo compasión porque hay un abismo inquietante entre el deseo de poseer bienes materiales y el desarrollo espiritual de las personas.
Además, no hay suficientes empleos bien remunerados y carencia de medicamentos en México y Veracruz.
Existen muchas personas que andan corriendo sumergidas en una nerviosa e incesante actividad, vaciándose por dentro sin saber exactamente lo que quieren.
Solo Cristo se puede compadecer y hacer que cada mexicano y veracruzano se compadezca de todos los males y enfermedades de los demás.
¿No estamos de nuevo en pleno 2026 ante hombres y mujeres enfermos que necesitan ser curados, muertos que necesitan resurrección, poseídos que esperan ser liberados de tantos demonios que les impiden vivir como seres humanos?
Hay muchos veracruzanos que, en el fondo de su interior, quieren volver a vivir. Quieren curarse y resucitar. Volver a reír y a disfrutar de la vida, enfrentarse a cada dificultad y problema con la fuerza de la fe, la esperanza y la caridad. El camino para volver a recobrar la vida verdadera es aprender a amar.
Amar significa aprender nuevas actitudes espirituales que se logran con la sencillez, la acogida, la amistad, la solidaridad y la atención gratuita al otro.
Entre la ciudadanía sigue faltando la verdadera caridad. Alguien la tiene que despertar. A los mexicanos y veracruzanos de hoy no los va a salvar el confort ni la era técnica, sino la verdadera caridad vivida en la sociedad.
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