Comunicado
La fiesta de Pentecostés era originalmente una celebración de la ciega o de la cosecha (Tobías 2,1; Números 28, 26; Éxodo 23,16; Deuteronomio 16,9).
El judaísmo lo transformó en la alegre y viva conmemoración del don de la ley dada por Dios al pueblo de Israel pues habían pasado 50 días desde la salida de la esclavitud de Egipto hasta que Dios entregó el don de la ley al pueblo de Israel, como signo de la nueva vida en tierra libre de la esclavitud y de toda idolatría.
Es más, esta fiesta se había convertido en una solemnidad para celebrar la promesa de una Nueva Alianza perfecta como lo había profetizado Jeremías (Jer 31). El Pentecostés cristiano se alimenta de estas promesas proféticas que se cumplirían en el nuevo pueblo de Israel para tener una nueva tierra y una nueva vida en el Espíritu.
¿Qué significado tiene que el Espíritu Santo venga sobre la Iglesia precisamente en el día en que se celebran Israel la fiesta de la Ley y de la alianza? Es para indicar que el espíritu santo es la nueva ley espiritual que sella la Nueva y Eterna Alianza y que consagra al pueblo para comprometerse con los procesos históricos y transformarlos de injustos en justos para todos.
El Pentecostés en tiempo de Cristo y en el tiempo nuestro fue y es para generar vida nueva y no seguir con la cultura de la muerte tan extendida en México y Veracruz.
Hoy Pentecostés debe revivir una fe que actúa por la caridad y no por meros discursos frecuentemente vacíos.
El creer debe ser fuente de un conocimiento verdadero que haga de cada ciudadano mexicano y veracruzano un verdadero constructor de paz y del orden social. Lo sobrenatural de la fe debe convertirse en verdadero desarrollo integral donde los que menos tienen se integren al progreso total de México y Veracruz.
Cristo debe ser para cada persona fuente de vida verdadera y no de división vioñente entre los ciudadanos mexicanos. Los contenidos de la biblia deben ser ahora literalmente una esperanza viva para construir la paz y la justicia social en un México marcado por grandes desigualdades y privilegios para unos cuantos. Pentecostés es para vivir desde ahora en la unidad y la reconciliación hasta alcanzar el País que Dios y los auténticos padres de la patria han soñado para todos.
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